“Credo Ecclesiam”. Seminario de eclesiología propuesto por la revista “Communio”
on giu 4, 2010 in Intervención and tagged angelo scola, comunio, Credo Ecclesiam, Intervención, Patriarca, Seminario de eclesiologia, venecia
Traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire
VENECIA – En fecha 19 de mayo se ha tenido en Venecia en el Cuartel Cornoldi un seminario de eclesiología propuesto por la revista “Communio” (Revista Internacional de Teología y Cultura) sobre el tema “Credo Ecclesiam.”
Viene publicada aquí a continuación la intervención del Patriarca:
Angelo Scola
2010-05-19
«Credo sanctam ecclesiam, sed non in illam credo, quia non Deus sed convocatio vel congregatio christianorum et domus Dei est» (1). Con esta fórmula el obispo medieval Bruno de Würzburg (2) expresa, en el horizonte del Credo apostólico, en modo sintético y eficaz la naturaleza de la Iglesia. Ella es el sujeto que consiente al cristiano la confesión de fe. Profesar en el Símbolo la propia fe sólo es posible si somos parte del sujeto adecuado para confesar el Credo. El creyente individual sólo es tal si convierte siempre la fe de la Iglesia en algo propio. Por eso la Iglesia es propuesta, en cuanto con-vocatio vel con-gregatio christianorum e domus Dei, como el organismo vital que manifiesta la Trinidad, Jesucristo, el Espíritu, la vida eterna.
Es la perspectiva que me permito sugerir en abertura de los trabajos de este Seminario organizado en ocasión del encuentro de las redacciones de la Revista Internacional Communio que trata este año de eclesiología. En la óptica del Credo Ecclesiam se comprende bien la presentación de este Seminario. A casi cincuenta años de la apertura del último Concilio Ecuménico, se reconoce explícitamente que «la eclesiología del Vaticano II nace de la tradición precedente de la Iglesia, cierto renovada y rejuvenecida por obra del Espíritu, pero en todo caso en continuidad con la precedente vida de la Iglesia»
La afirmación se remite al ya célebre discurso de Benedicto XVI a la Curia Romana, en ocasión de los saludos navideños, el 22 de diciembre de 2005. Desde entonces se han multiplicado las intervenciones y las publicaciones alrededor de lo que en modo genérico ha sido identificado con el binomio rotura/continuidad. Ciertamente el discurso del Papa no ha sido el único factor que ha favorecido una renovada reflexión sobre la comprensión del Vaticano II. Es suficiente pensar, por ejemplo, en la conclusión de la publicación de la Historia del Concilio Vaticano II, dirigida por Giuseppe Alberigo y en el amplio debate que ella ha suscitado (3). Pero junto a esta obra podríamos citar otras no menos decisivas: el enciclopédico comentario a todos los textos conciliares dirigido por Peter Hünerman y por Hilberath además de las contribuciones de autores como Routhier, Theobald, O’Malley y otros más.
Quisiera señalar el tema de la Iglesia como sujeto de la fe y ámbito de la confesión del creyente partiendo justo de una cita puntual de aquel discurso de Benedicto XVI. Sus palabras, si se leen con la debida atención, superan el binomio continuidad-rotura introduciendo la categoría más apropiada de hermenéutica de la reforma. Benedicto XVI muestra la insostenibilidad de la tesis de la rotura pero, al mismo tiempo, está muy lejos de proponer una descontada “continuidad” que, todo sumado, no resistiría a los apuntes movidos por una crítica equilibrada.
“Todo depende de la justa interpretación del Concilio o – como diríamos hoy – de su justa hermenéutica, de la justa clave de lectura y aplicación. Los problemas de comprensión han nacido del hecho de que dos hermenéuticas contrarias se han encontrado comparándose y han peleado entre ellas. La una ha causado confusión, la otra, silenciosamente pero cada vez más visiblemente, ha llevado frutos. De una parte existe una interpretación que quisiera llamar “hermenéutica de la discontinuidad y de la rotura”; ella muchas veces ha utilizado la simpatía de los medios de comunicación, y también una parte de la teología moderna. Por otra parte existe la “hermenéutica de la reforma”, de la renovación en la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha donado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, siendo pero siempre lo mismo, único sujeto del Pueblo de Dios en camino».
Como decía aquí el Papa identifica en la hermenéutica la cuestión-clave de la reflexión acerca de la comprensión del Vaticano II. Y lo hace contraponiendo dos hermenéuticas contrarias.
Sin embargo el primer dato muy significativo es que para citar tales hermenéuticas contrapuestas no recurre a una terminología que opone simétricamente “discontinuidad-continuidad”, “rotura-continuidad”, sino habla de: “hermenéutica de la discontinuidad y de la rotura” por un lado y de “hermenéutica de la reforma” por el otro. Nos encontramos, por tanto, frente a una primera indicación que impide identificar la propuesta del Papa con las “hermenéuticas de la continuidad” de molde más o menos marcadamente tradicionalista. La propuesta del Papa ayuda a comprender que “continuidad” no puede significar que el Concilio Vaticano II tenga que ser leído y asumido simplemente recurriendo al magisterio precedente como clave de hermenéutica cumplida.
Pero más interesante aún es la definición que Benedicto XVI da de la hermenéutica de la reforma. Él la describe como «renovación en la continuidad del único sujeto-Iglesia, que el Señor nos ha donado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, permaneciendo pero siempre lo mismo, único sujeto del Pueblo de Dios en camino.”
Esta definición me parece que contiene tres núcleos decisivos de pensamiento.
• Ante todo dice de quién se debe afirmar la continuidad: del único sujeto-Iglesia;
• con la proposición relativa «que el Señor nos ha donado» el Papa identifica el origen de tal sujeto y, por tanto, la razón de ser de su permanencia como sujeto con una clara identidad en el tiempo;
• por fin precisa quién es este sujeto: el Pueblo de Dios en camino.
Continuidad y renovación no están en alternativa precisamente porque estamos hablando de la Iglesia, Pueblo de Dios, sujeto cuyo origen está en el diseño salvador de la Comunión Trinitaria, pero que aún está en camino hacia la patria definitiva.
Me parece que estas indicaciones abran perspectivas fecundas para el trabajo teológico en los próximos años. Cito tres de ellas:
a. La elaboración de una eclesiología del sujeto Iglesia, retomando la indicación balthasariana sobre ¿Quién es la Iglesia? Personalmente estoy convencido de que esto exija una doble concentración de la eclesiología en clave antropológica y sacramental (4).
b. La peregrinatio, y por lo tanto toda la dimensión histórica y escatológica como forma de la vida de la Iglesia, con las relativas, a veces candentes implicaciones.
c. La centralidad de la fe: la Iglesia es el sujeto de la fe. De aquí la necesaria atención a la unión existente entre Dei Verbum e Lumen gentium, para una adecuada hermenéutica del corpus doctrinal del Vaticano II.
Son simples sugerencias para el trabajo común.
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1 PL 142, 561C.
2 Nacido en 1005; muerto el 27 de mayo de 1045.
3 G. RUGGIERI cita una larga lista de comentarios: Recezione ed interpretazioni del Vaticano II , [Recepción e interpretaciones del Vaticano II], Le ragioni di un dibattito in Cristianesimo nella storia , [Las razones de un debate en el Cristianismo en la historia], 28 (2007), 381-446.
Él no emite las voces críticas, por ejemplo Berger y Marchetto
4 Cfr. A. SCOLA, Chi è La Chiesa? Una chiave antropologica e sacramentale per l’ecclesiologia [¿Quién es La Iglesia? Una clave antropológica y sacramental para la eclesiología], BTC 130, Queriniana, Brescia 20072.




















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