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	<title>Angelo Scola - esp ver</title>
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	<itunes:author>Angelo Scola - esp ver</itunes:author>
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		<title>“Familias heridas”, reflexiones sobre “La vida buena”</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Oct 2011 11:50:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Angelo Scola Familias heridas reflexiones La vida buena verdad matrimonio]]></category>

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		<description><![CDATA[Angelo Scola, Cardenal, Arzobispo de la Diócesis de Milán (Italia) Traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire 2011-09-01 La verdad del matrimonio propuesta con humildad y convicción, y testimoniada en la vida, aparece como una forma exigente e insustituible de amor. El estado de salud del matrimonio en Italia despierta no pocas preocupaciones. El [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/10/sposi.jpg"><img class="alignleft" title="sposi" src="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/10/sposi-300x136.jpg" alt="" width="180" height="82" /></a>Angelo Scola, Cardenal,<br />
Arzobispo de la Diócesis de Milán (Italia)</p>
<p>Traducción de María Eugenia Flores Luna<br />
para <a href="http://kaire.wikidot.com/home:home" target="_blank">Kaire</a><br />
2011-09-01</p>
<p><strong>La verdad del matrimonio propuesta con humildad y convicción, y testimoniada en la vida, aparece como una forma exigente e insustituible de amor.</strong><em> </em></p>
<p>El estado de salud del matrimonio en Italia despierta no pocas preocupaciones. El lenguaje de las estadísticas es crudo y cruel: se habla de más de ochenta mil separaciones y ya más de cincuenta mil divorcios en 2009, con un marcado incremento en los últimos cinco años.</p>
<p>También para nosotros, como en todas las sociedades occidentales, el matrimonio en su fisonomía originaria es puesto duramente a prueba. Señalado por heridas ardientes y profundas que parecen a veces insanables. «Al inicio pero no fue así» (Mt 19,8). Es innegable que la familia sea el ámbito imprescindible donde es «incubado» lo humano.</p>
<p>En las relaciones que se establecen cada uno es reconocido como persona. Les habrá ocurrido también a ustedes de asistir al espectáculo conmovedor de un niño que, a la sonrisa de la mamá, se ilumina todo e intenta responder. Un mensaje inequívoco pasa en aquella sonrisa: «es bueno que tú estés, es bello que tú estés». Una promesa de bien que lo abre confiado al futuro y  a la tarea que será llamado a cumplir. Pero no podemos ilusionarnos de que esta experiencia, de por sí natural, sea garantizada frente al riesgo de empobrecimiento. Ninguna familia es inmune  a ello: en todas vive una cierta cuota de falta de confianza, de injusticia y de prevaricación. El riesgo es mucho más marcado y difundido en una sociedad como la nuestra, confusa en lo «fundamental» y enferma de individualismo. Ya hemos hablado de ello. Los efectos del malestar  que hoy sufre la familia están siempre bajo los reflectores de los <em>mass-media</em>. Y a veces (no siempre en buena fe) son amplificados.</p>
<p>A pagar principalmente las heridas lacerantes de la familia son los hijos. Los estudios más serios nos dicen que el obstáculo mayor a la formación armónica de su identidad, aún más que en la tasa de conflictividad a la que son expuestos en el proceso de separación de los padres, está en la caída de su certeza fundamental: un hijo existe en virtud de la unión de sus padres. Y no logra adaptarse a la idea de que pueda venir a menos. ¿Cuál es entonces la vía para afirmar la necesidad de la familia? Se las indico, inspirándome en el título de la última encíclica de Benedicto XVI, con la fórmula «caridad en la verdad». La verdad del matrimonio propuesta con humildad y convicción y testimoniada en la vida aparece como una forma exigente e insustituible de amor. El criterio con que juzgar y afrontar cualquier fatiga y contradicción de una historia conyugal, también la más dramática o indignante, se convierte entonces en amor auténtico. La verdad del matrimonio es dada por un amor efectivo, no sólo afectivo. La carta a los Efesios nos ayuda a comprenderlo hablándonos del amor de Cristo esposo para la Iglesia su novia, del cual el sacramento del matrimonio es signo eficaz. En ello los novios mendigan a Aquel que solo es capaz de donar plenamente la capacidad de querer al otro/a por lo que es, hasta el perdón. Es decir un don de sí en que &#8211; como dice el étimo de la palabra &#8211; ha sido insertado un multiplicador a la enésima potencia. Para entender la enseñanza de la Iglesia sobre separación y divorcio hace falta partir de aquí.</p>
<p>La separación, que es siempre una derrota, en algunos casos puede ser vista como la extrema <em>ratio </em>del perdón. Ella sigue reconociendo al vínculo matrimonial todo su peso y lo respeta hasta el final, aceptando con dolor la impracticabilidad de la convivencia entre los cónyuges, sin nunca excluir la posibilidad de la reconciliación. Los hijos, en este caso, son ayudados a comprender que fatiga y debilidad no son más fuertes que la unión del papá y la mamá de los que han recibido la vida. Diferente es el divorcio: ello niega, de hecho, la capacidad de los esposos de quedar unidos para siempre. No es por un juicio sobre las varias personas  que decimos esto; el Hijo de Dios no ha venido para condenar, sino para salvar. Y su Iglesia quiere solamente defender y promover el bello amor.</p>
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		<title>&#8220;Esposos, es decir, padres siempre&#8221;, reflexiones sobre &#8220;La vida buena&#8221;</title>
		<link>http://espanol.angeloscola.it/2011/08/22/esposos-es-decir-padres-siempre-reflexiones-sobre-la-vida-buena/</link>
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		<pubDate>Mon, 22 Aug 2011 07:52:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<category><![CDATA[la vida buena]]></category>

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		<description><![CDATA[traducción de Jorge Enrique López Villada para Kaire  Continúa, también en el mes de julio, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con el «Messaggero di sant’Antonio». Que cada mes se dirige a los lectores de la revista hablando de la vida buena, relacionándose con el homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.  Engendrar, para el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">traducción de Jorge Enrique López Villada para <a href="http://kaire.wikidot.com/home:home" target="_blank">Kaire</a> </p>
<p style="text-align: justify;"><em>Continúa, también en el mes de julio, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con el «<a href="http://www.messaggerosantantonio.it/messaggero/home.asp" target="_blank">Messaggero di sant’Antonio</a>». Que cada mes se dirige a los lectores de la revista hablando de la vida buena, relacionándose con el homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.</em> </p>
<p style="text-align: justify;">Engendrar, para el hombre y la mujer, no es  sólo traer algo al mundo, sino comunicar concretamente el sentido profundo de la vida. Esto es siempre posible para todos los esposos, también para aquéllos a quienes la fecundidad física es negada dolorosamente.  </p>
<p style="text-align: right;">Angelo Scola </p>
<p><a title="Visita pastorale a San Marcuola di Angelo Scola, su Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/angeloscola/5108353088/"><img class="alignleft" src="http://farm2.static.flickr.com/1233/5108353088_7213b8ab45.jpg" alt="Visita pastorale a San Marcuola" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Lo hemos dicho desde el principio: si no es fecundo no es amor. Porque, decían los antiguos, <em>bonum semper diffusivum sui</em>, el bien es imparable, como un río en crecida. Vale para la fecundidad, lo que hemos dicho sobre la fidelidad. No es algo sobrepuesto al amor, algo que pueda ser o no ser, sino que pertenece a la sustancia del amor. &#8220;¿Pero entonces? &#8211; leo en vuestras miradas perplejas -. Primero se nos dice que el hijo no es nunca un derecho y luego se nos dice que el amor siempre es fecundo: ¡las cuentas no cuadran! &#8220;.</p>
<p style="text-align: justify;">Para entender hace falta inclinarse, una vez más, sobre el misterio nupcial del que somos hechos. &#8220;Nuestro cuerpo &#8211; recientemente Benedicto XVI lo ha dicho &#8211; lleva en sí un significado filial, nos habla de un Origen que nosotros no nos hemos otorgado a nosotros mismos&#8221;. Hay una Paternidad profunda, constitutiva de cada hombre, que los esposos están llamados a servir. Es aquella de Dios. Aún cuando esta vocación viniese trágicamente desconocida o rechazada, ella no sería menos, como el profeta Isaías nos lo recuerda: &#8220;Aún si tu madre o tu padre te olvidaran, yo no te olvidaré nunca.&#8221;  <span id="more-334"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La fe, pues, hace brillar dos datos de la humana experiencia hoy a menudo muy olvidados, cuando no intencionalmente censurados. Primero: No se es padre y madre si no se es hijo. En la familia &#8211; continúa el Papa &#8211; &#8220;la identidad de cada uno (esposo, padre, hijo) se basa en el ser llamados al amor, a recibirse de otros (progenie) y a donarse a otros&#8221;. Segundo: Engendrar, para el hombre y la mujer, no es  sólo traer algo al mundo (también los animales lo hacen) sino comunicar concretamente el sentido de la vida, introducir a un buen destino. Y esto siempre es posible para todos los esposos, también para aquellos a los que la fecundidad física fuese negada dolorosamente. Ellos pueden volverse, incluso, por todos los hermanos, una señal privilegiada de la generación nueva nacida bajo la cruz, cuando Jesús confió al discípulo predilecto a la Madre &#8211; &#8220;Mujer, he aquí a tu hijo&#8221; &#8211; y María a Juan &#8211; &#8220;He aquí a tu madre&#8221; -. Y desde aquella hora el discípulo la acogió consigo. El gesto de Juan va más allá del no haber sido engendrado físicamente por María, esto le permite participar de una relación filial con Jesús a quien la Virgen ha engendrado en la carne y en la sangre.  </p>
<p style="text-align: justify;">A este respecto no me olvidaré nunca de un episodio vivido hace muchos años en Brasil, en una zona apartada de la Amazona a donde fui a visitar a un amigo misionero. Me parece de volver a ver la escena. Saliendo de la iglesia, al final del funeral de una madre de una decena de hijos tenidos de hombres diferentes, el misionero, padre Augusto, recogió alrededor de si a los diez niños y empezó a preguntar al grupo de mujeres allí presentes: &#8220;¿Quién se lleva a éste? ¿Quién a este otro&#8221;?. En pocos minutos todos los diez niños encontraron cada uno su nueva casa. Los pobres saben ser solidarios y acogedores. Abandono, adopción: elecciones que nosotros hombres del norte, contagiados por una mentalidad dominante, tendemos a sentir como excepcionales, reservado a esposos &#8220;heroicos&#8221; y súper dotados también económicamente. En cambio, la acogida debería ser una dimensión normal, sobre todo de una existencia cristiana.  </p>
<p style="text-align: justify;">Ella es la imitación más simple y más grande del amor que Dios da a los hombres. ¡No por nada, con el Bautismo, nos convertimos en hijos adoptivos de Dios! Ciertamente, engendrar a un hijo ya nacido es una aventura que presenta rasgos dramáticos, y no hay relación afectiva, incluso las naturales, que no impliquen la necesidad del sacrificio. Cada madre y cada padre conocen bien esta ley, porque la tentación de la posesión &#8211; no permitirle al hijo de ser hasta el final otro, es decir, realmente libre &#8211; siempre amenaza el amor paternal y maternal. De esta gratuidad absoluta nosotros no somos capaces: tenemos que recibirla continuamente, como el hijo pródigo, del Padre que continuamente la dona. </p>
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		<title>“El don del hijo”, reflexiones sobre “La vida buena”</title>
		<link>http://espanol.angeloscola.it/2011/07/07/%e2%80%9cel-don-del-hijo%e2%80%9d-reflexiones-sobre-%e2%80%9cla-vida-buena%e2%80%9d/</link>
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		<pubDate>Thu, 07 Jul 2011 11:33:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire Continua, también en el mes de junio, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con el «Mensajero de san Antonio». Cada mes se dirige a los lectores de la revista hablando de vida buena, refiriéndose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.  Cada hijo es hijo de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">traducción de María Eugenia Flores Luna para <a href="http://kaire.wikidot.com/" target="_blank">Kaire</a></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Continua, también en el mes de junio, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con el «<a href="http://www.messaggerosantantonio.it/messaggero/home.asp" target="_blank">Mensajero de san Antonio</a>». Cada mes se dirige a los lectores de la revista hablando de vida buena, refiriéndose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.</em> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Cada hijo es hijo de la promesa. Por tanto la familia no puede cerrarse en sí misma: como Dios la ha abierto en su origen, ella tiene que quedar abierta a Su diseño.</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;">Angelo Scola </p>
<p><a title="Visita pastorale alle parrocchie di Castello di Angelo Scola, su Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/angeloscola/5670603190/"><img class="alignright" src="http://farm6.static.flickr.com/5023/5670603190_6fa6bfb2d4.jpg" alt="Visita pastorale alle parrocchie di Castello" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">Madres en alquiler, padres/donadores anónimos, hijos en probeta… Cada día de los mass media llegan noticias increíbles, que dejan inquietos también a los fanáticos del progreso. Empecemos a aclarar poniendo allí un dato incontrovertible: ningún hombre podrá engendrarse nunca por sí mismo, ni siquiera en el caso en que &#8211; en el escenario siempre menos fantástico que se anuncia &#8211; viniera al mundo  como un producto de laboratorio. Siempre en todo caso de otro distinto tendría origen. No será nunca posible «autogenerarse». Ya hemos tenido modo de hablar de ello: es el tú que hace ser el yo y lo acompaña en el crecimiento. Es una ley constitutiva universal. Tal dinamismo oblativo es inscrito en el ser humano &#8211; que es unidad indisoluble de alma y cuerpo &#8211; no para desposeerlo, sino para abrirlo a la vida. Así el amor entre el hombre y la mujer guarda la posibilidad de hacerlos partícipes de la capacidad generativa de Dios.  </p>
<p style="text-align: justify;">A despecho de todas las calumnias, de la visión cristiana el acto conyugal recibe la máxima exaltación. Ello emerge como vía de la creación. «Cada uno de nosotros nace de un momento de amor total, de un momento de amor llegado al grado de no poderse ni  siquiera conocer más si no con la ayuda, con la intervención y la presencia de Dios» Giovanni Testori genialmente observa, en el fascinante diálogo con Luigi Giussani <em>El sentido del nacimiento</em>. <span id="more-330"></span></p>
<p style="text-align: justify;">No hay nada en efecto que, como el nacimiento de un hijo &#8211; pienso que todos los padres pueden confirmarlo -, ponga frente a la evidencia de algo que, incluso viniendo de nosotros, nos supera por todas las partes. Por  un lado sentimos que ya no hay profundamente nada «nuestro». Por el otro, igual radicalmente, percibimos que ya nada es «recibido». Justo aquí está la razón última del «no» saludable de la Iglesia al aborto y a la contracepción. «En el amor no hay temor» escribe, tocando una cuerda profunda de la experiencia humana, el evangelista Juan. Por tanto en el amor no hay (al menos intencionalmente) cálculo, no  hay pretensión de dominio. La lógica del don, que  debe siempre acompañar a la procreación responsable, no tiene nada que compartir con la de la pretensión. Y rechazar un don no es nunca natural, ni fácil. </p>
<p style="text-align: justify;">Romper la circularidad de amor, sexualidad y procreación conduce a reducir la procreación (propia del hombre) a reproducción mecánica (propia del animal)  y condena al yo mismo a cerrarse en sí mismo en un inexorable cierre narcisista. Los relevantes éxitos debidos al binomio ciencias-tecnologías a menudo favorecen una mentalidad ideológica que hace plausible un tipo de imperativo categórico: «Si puedes, debes». El hecho de que «técnicamente» el hombre tenga el poder de separar la procreación respecto al acto conyugal no significa que pueda hacerlo sin desnaturalizar lo humano. El hijo tiene el derecho a ser concebido al interno de una familia, en la unión de amor corpóreo-espiritual de los dos cónyuges y no puede ser considerado un simple objeto de deseo o un hacer técnico. De la fecundidad de Sara a aquella de María la Biblia lo requiere con insistencia: cada fecundidad (sea aquella física sea aquella espiritual) es recibida por Dios. Y cada hijo es hijo de la promesa. Por tanto la familia no puede cerrarse en sí misma sino, como Dios la ha abierto en su origen, ella tiene que quedar abierta a Su diseño. </p>
<p style="text-align: justify;">La gratitud por la absoluta gratuidad del amor de Dios suscita la responsabilidad de la obediencia. Hablaremos más adelante. </p>
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		<title>“El peso específico del amor”, reflexiones sobre “La vida buena”</title>
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		<pubDate>Wed, 06 Jul 2011 08:35:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire Continúa, también en el mes de mayo, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con el «Mensajero de san Antonio». Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, refiriéndose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.  El amor entre el hombre [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>traducción de María Eugenia Flores Luna para <a href="http://kaire.wikidot.com/" target="_blank">Kaire</a></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Continúa, también en el mes de mayo, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con el «<a href="http://www.messaggerosantantonio.it/messaggero/home.asp" target="_blank">Mensajero de san Antonio</a>». Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, refiriéndose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.</em> </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>El amor entre el hombre y la mujer es público y estable porque es destinado a edificar la sociedad y la Iglesia. De otra parte, cuando encuentras a alguien que te corresponde profundamente no tienes el problema de abandonarlo, sino aquel de no perderlo jamás. </strong></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: right;">Angelo Scola  </p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/07/chiavi-quaresima.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-325" title="chiavi quaresima" src="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/07/chiavi-quaresima-300x135.jpg" alt="" width="300" height="135" /></a>“Cursos para los novios”: los sacerdotes aún se obstinan en llamarlos así, aunque las palabras «novios», «noviazgo» están decididamente fuera moda. Evocan, sobre todo a los jóvenes, imágenes de otros tiempos &#8211; ceremonias oficiales, solemne presentación a las familias, obligaciones y honores – a las cuales son cada vez más alérgicos. ¿Pero estamos seguros de no tirar a la basura con el agua sucia de las formalidades y de las convenciones también al niño de un amor ya maduro para salir al descubierto y tomar en serio la vida? </p>
<p style="text-align: justify;">«Noviazgo» tiene la misma raíz de «fe», «confianza», «fidelidad»: realidades sólidas y positivas. Indica un período de prueba, ciertamente. Pero no en el sentido precario y dudoso con que se tiran los dados: «probamos… ». Es en cambio un tiempo de verificación, parecido a aquel trabajo serio y apasionante con que el científico está tenso al convalidar la bondad de una hipótesis.  </p>
<p style="text-align: justify;">En eso a libertad es empeñada al máximo. Y la señal de la promesa solemne con la que uno libremente se vincula a lo otra es el anillo, cuyo peso – escribe Karol Wojtyla en un libro que todos los novios deberían leer &#8211; «no es el peso del metal. Es el peso específico del ser humano, de cada uno de ustedes y de ustedes dos juntos. El amor no es una aventura. Toma el  sabor<strong> </strong>del  hombre entero. Tiene su peso específico. Es el peso de todo tu destino» (de “El taller del  orfebre”). Y, el Beato Juan Pablo II continúa aún más yendo a fondo: «No puede durar sólo un momento. La eternidad del hombre pasa a través del amor. He aquí porque se encuentra en la dimensión de Dios, sólo Él es la eternidad».  <span id="more-323"></span></p>
<p style="text-align: justify;">Ya lo han entendido, esta cita mensual nuestra lanza un desafío muy alto: enseñar cómo la propuesta cristiana es plenamente humana y correspondiente al orden de la razón. Buena para todos, no sólo para los cristianos. </p>
<p style="text-align: justify;">Los novios &#8211; recientemente Benedicto XVI ha dicho &#8211; tienen que ser capaces de descubrir «la verdad de una inclinación natural y una capacidad de empeñarse que ellos llevan inscritos en su ser relacional hombre-mujer» (Discurso en la Rota romana, 22.01.2011).   </p>
<p style="text-align: justify;">Ya hemos hablado del insuprimible deseo de un donarse a sí mismo total y para siempre que alberga en el corazón de cada mujer y de cada hombre. De otra parte &#8211; en el contexto en que vivimos es siempre más evidente &#8211; nosotros no somos capaces de vivir a la altura del deseo de nuestro corazón. </p>
<p style="text-align: justify;">Pero aquello que es imposible al hombre es posible a Dios.  </p>
<p style="text-align: justify;">Por la gracia del sacramento del matrimonio el amor entre el hombre y la mujer es basado no sólo en las arenas movedizas de sus fuerzas, sino sobre la roca del amor de Cristo por su Iglesia. El don perfecto &#8211; hasta la oferta total de sí mismo &#8211; de Cristo-novio a la Iglesia, su novia, da forma al don del marido a su mujer. Es por tanto razonable decidir por el salto de calidad que el sacramento garantiza al amor de los novios. Se documenta en tres caracteres que quedan válidos aunque hoy son una mercancía cada vez más rara: la boda es una unión pública, estable y fiel.   </p>
<p style="text-align: justify;">Lo que no es de algún modo sellado públicamente todavía es inmaduro y, por tanto, precario, inseguro. El paso del enamoramiento al amor implica naturalmente la elección de asumir el excitante descubrimiento de una total reciprocidad dentro de una responsabilidad de construcción común. El amor entre el hombre y la mujer es público y estable porque es destinado a edificar la sociedad y la Iglesia. De otra parte, cuando has encontrado algo que te corresponde profundamente no tienes el problema de abandonarlo, sino aquel de no perderlo jamás. Por eso novedad no es frenesí de cambio, sino el profundizarse de aquella belleza que te ha conquistado al inicio. A la fidelidad ya hemos dedicado un entero capítulo de nuestras conversaciones. </p>
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		<title>“¿Objetos extraviados?”, reflexiones sobre “La vida buena”</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Jun 2011 15:18:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire Continúa, también en el mes de abril, la colaboración del cardenal Ángelo Scola, con el «Mensajero de san Antonio». Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, relacionándose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.  ¿Qué pasó con pudor y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>traducción de María Eugenia Flores Luna para <a href="http://kaire.wikidot.com/home:home" target="_blank">Kaire</a></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Continúa, también en el mes de abril, la colaboración del cardenal Ángelo Scola, con el «<a href="http://www.messaggerosantantonio.it/messaggero/home.asp" target="_blank">Mensajero de san Antonio</a>». Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, relacionándose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo</em>. </p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>¿Qué pasó con pudor y castidad? Al aír hablar a muchos jóvenes, parecieran desaparecidos. En cambio, en el fondo, todos los chicos ambicionan el buen amor, capaz de conjugar corporeidad, sentimiento y razón.</strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p style="text-align: right;">Ángelo Scola </p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/06/DSCN0228.jpg"><img class="alignright size-medium wp-image-320" title="DSCN0228" src="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/06/DSCN0228-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" /></a>En Venecia no es difícil, en este período, encontrarse sumergido en una multitud de muchachitos en libertad y oírlos hablar:   hay bastante material para llenar un diccionario de lenguaje soez. Las expresiones y los términos más populares son aquellos de fondo sexual, pero en esto no hay mucho de nuevo bajo el sol: también en nuestros tiempos era así. La novedad es que no es raro, cuanto a crudeza y a vulgaridad de lenguaje, las chicas superan a los chicos. ¡También en este campo la famosa diferencia se ha reducido, hasta desaparecer, hasta ser revertida! ¿Son superados el pudor y la castidad definitivamente, relegados para siempre? Sin embargo todavía tengo en los ojos el espectáculo sorprendente de centenares y centenares de jóvenes que hace un año, a Mestre, han desfilado ininterrumpidamente por dos días delante de la urna de María Goretti, tanto que se ha tenido que dejar abierta la iglesia hasta tarde en la noche. Una muchedumbre atraída por aquella niña de doce años que se ha dejado matar para custodiar el tesoro de su castidad. Y no fueron novicios de un convento sino comunes estudiantes… Los mismos que en la tarde han llenado la iglesia y se ha parado más de dos horas a dialogar conmigo sobre el tema: «Amor, afectividad, sexualidad y&#8230; María Goretti». </p>
<p style="text-align: justify;">« ¡Claro que voy a perdonar a Alessandro! Y lo quiero junto a mí en el Paraíso». «Chicos, piensen que intensidad afectiva, que madurez al amar en estas palabras de Marietta moribunda. ¡Otro que sexofobia!» les he dicho. Y ellos, conmovidos, que querían entender. La castidad no es la virtud de la prohibición. Cuando la Iglesia invita a evitar relaciones prematrimoniales, a no «vender a bajo precio» el propio cuerpo, a no desvincular la sexualidad del amor y de la responsabilidad propone algo más,  algo positivo. Me pide que yo tome en serio mi persona y aquella del otro. De ser «señor» (<em>dominus</em> dijeron los latinos), realmente dueño de mi yo, de mi vida y de las relaciones.<span id="more-319"></span></p>
<p style="text-align: justify;">No existe un instinto sexual indiferenciado para los hombres y para los animales. Más bien, para el hombre no se debe ni menos hablar de instinto: ¿les parece que los animales coman como comemos nosotros? ¿Por qué, entonces, «no» a las relaciones pre-matrimoniales? ¿Cuál es la conveniencia de tal renuncia? ¡Es un poner el carro delante de los bueyes! Poseerse carnalmente cuando no se pertenece de modo estable debilita el amor y a la persona misma. El sexo fuera del matrimonio es una especie de «robo». Sólo el pacto matrimonial es tan fuerte de justificar,  (es decir hacer justicia frente a Dios y a los hombres) también la unión corpórea. Ella en efecto produce una unión potente, porque el cuerpo habla un lenguaje que va más allá de las intenciones conscientes de los partners. El significado objetivo del sexo es más importante que el subjetivo. El nexo entre «para siempre» y «unión sexual/corpórea» es objetivo. Los curas no lo han inventado. </p>
<p style="text-align: justify;">Una última cosa muy importante. Las chicas en este campo tienen una ventaja más: maduran antes y se dan cuenta mucho antes que los chicos que no se puede separar el cuerpo del resto (sentimiento y razón) del yo. Por tanto son las guardias del buen amor. Juan Pablo II lo llamaba el «genio femenino». Esto les confía una fascinante tarea y una gran responsabilidad. El «pudor», rechazando  revelar lo que tiene que quedar escondido, preserva la intimidad de la persona. Ayuda a miradas y gestos a estar conformes a la dignidad de las personas y su unión. </p>
<p style="text-align: justify;">Ciertamente, no tenemos que esconderlo: el buen amor no es barato. Siempre implica la «extraña necesidad del sacrificio». Pero el sacrificio no anula la posesión, más bien, es la condición que la potencia. El puro placer, en efecto, no es autentico gozo, tanto es  así que acaba enseguida. Y si queda encerrado en él mismo, anula lentamente la posesión, la entristece, la deprime. Me conmueve el hecho de que cada vez que digo estas cosas a los jóvenes encuentro más sorpresa que objeción. </p>
<p style="text-align: center;"><em>Es posible comentar y responder a los artículos del Patriarca Scola escribiéndole a redazione@santantonio.org</em></p>
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		<title>“¿Para siempre o hasta que dure?”. El Patriarca sobre “La vida buena”</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Jun 2011 07:57:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<category><![CDATA[hombre y mujer]]></category>
		<category><![CDATA[mensajero de san antonio]]></category>
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		<description><![CDATA[traducción de María Eugenia Flores Luna para Kaire Continúa, también en el mes de marzo, la colaboración del cardenal Ángel Scola, con el «Mensajero de san Antonio». Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, relacionándose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo. No hay nadie en el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>traducción de María Eugenia Flores Luna para <a href="http://kaire.wikidot.com/home:home" target="_blank">Kaire</a></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Continúa, también en el mes de marzo, la colaboración del cardenal Ángel Scola, con el «<a href="http://www.messaggerosantantonio.it/messaggero/home.asp" target="_blank">Mensajero de san Antonio</a>». Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, relacionándose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.</em></p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>No hay nadie en el mundo que no desee ser definitivamente amado para poder, a su vez, amar definitivamente. Es el infinito la medida con que el Creador ha «aquilatado» el corazón del hombre.  </strong></em></p>
<p><em> </em></p>
<p style="text-align: right;"><em>Ángelo Scola</em></p>
<p> <br />
<a title="Visita pastorale a S. Elena di Angelo Scola, su Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/angeloscola/5420028052/"><img class="alignleft" src="http://farm6.static.flickr.com/5216/5420028052_c7cb6467ff.jpg" alt="Visita pastorale a S. Elena" width="300" height="207" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">A menudo me ocurre encontrar a padres de familia de mi edad, felizmente casados, cuyas hijas/os en edad de marido/mujer eligen convivir. «Se usa así ahora…», « ¡Sin embargo de nosotros han tenido un ejemplo diferente!», « ¿Qué cosa podemos hacer?». La pregunta, escéptica, resignada, o afligida según los casos, va de los padres a los párrocos, a los educadores, a menudo a los mismos jóvenes. Sin embargo, lo hemos dicho en la primera parte de este diálogo nuestro, «para siempre»  es una característica inextirpable del verdadero amor entre un hombre y una mujer.</p>
<p style="text-align: justify;">Del resto no lo hallamos sólo en la fórmula del ritual religioso del matrimonio («Con la gracia de Cristo prometo siempre serte fiel…»), sino también localizamos un eco en las normas del Código Civil (cuando, a propósito de matrimonio, se habla de «obligación recíproca a la fidelidad», Art. 143). No hay nadie en el mundo que no desee ser definitivamente amado para poder, a su vez, amar definitivamente. La medida con que el Creador ha «graduado» el corazón del hombre es en efecto el infinito. Frente a los que más amamos sentimos como profundamente injusta la palabra “fin”: «Ama quien dice al otro: “Tú no puedes morir”» (Gabriel Marcel).  </p>
<p style="text-align: justify;">¿Pero si las cosas están así, por qué siempre se casan menos? Es un problema de creciente individualismo, de mayor precariedad en las relaciones afectivas y de un preocupante déficit de esperanza. La idea vencedora, en nuestras sociedades avanzadas, es aquella de libertad como ausencia de uniones. Se prefieren relaciones «cortas» a relaciones «largas», no sólo de modo temporal sino también de implicación personal. <span id="more-315"></span></p>
<p style="text-align: justify;">El modelo mercantil del contrato es elevado a paradigma de cada relación. Así a la lógica del don se sustituye aquella del cálculo, del <em>do ut des</em>. «Sólo los hombres -observa agudamente Chesterton- son capaces de lanzar sus corazones más allá de todos los cálculos, para conquistar lo que el corazón desea». Pero el deseo del hombre no puede ser engañado demasiado tiempo impunemente: una insospechada confirmación también nos ha llegado de la reciente relación Censis. Si se quiere saciar el hambre del hombre suministrándole en continuación  comidas excitantes pero de escaso valor nutritivo, su deseo languidecerá hasta apagarse. «Puede ser así-insisten los más desencantados-pero el mundo ha cambiado. Ninguno acepta ya hacer sacrificios». «Sin compromiso» nos aseguran  los vendedores cuando nos quieren suministrar un producto. «Sin compromiso» parece haberse convertido en la máxima aspiración de muchos jóvenes. Porque el «compromiso» da miedo.   </p>
<p style="text-align: justify;">Escuchen qué cosa dice a este propósito Chesterton: «El hombre que toma un empeño definitivo toma una cita consigo mismo en algún momento o lugar lejano. El peligro es que él mismo no logre mantenerlo. Y en los tiempos modernos este terror de sí mismos, de la propia debilidad y variabilidad, ha crecido peligrosamente, y es ésta la base efectiva de la objeción a los votos de cualquier género». Hacemos como el zorro del cuento de Esopo: puesto que no lograba alcanzar las uvas,  renunció diciendo que estaban verdes. De este modo nosotros, junto con la amplitud del deseo, reducimos nuestra humanidad. Pero Jesús ha venido para salvarla.</p>
<p style="text-align: justify;">Cristo y su Iglesia son hinchas de la grandeza del hombre: por eso existen los sacramentos. Aquel del matrimonio se basa en la inquebrantable certeza de la que habla san Pablo: «El que ha iniciado en ustedes esta obra buena la llevará a cabo» (Filipenses 1,6). Mientras les escribo estas cosas tengo en mente los rostros concretos de muchas novias y muchos novios fieles que el mundo juzga «heroicos», pero que son sencillamente dóciles a la gracia del sacramento. Ciertamente esto pone en cuenta el perdón, otro «ingrediente» del amor muy decisivo cuanto desconocido. Quien no sabe perdonar no ama. Hablaremos todavía más difusamente.</p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
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		<title>&#8220;Macho y hembra los creó&#8221;, el Patriarca sobre &#8220;La vida buena&#8221;</title>
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		<pubDate>Mon, 02 May 2011 08:22:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<category><![CDATA[angelo scola]]></category>
		<category><![CDATA[diferencia sexual]]></category>
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		<description><![CDATA[traducción de Carmina Vasquez para Kaire Continúa, con el número de febrero de 2011, la colaboración del cardenal Angel Scola, con el &#8220;Mensajero de santo Antonio&#8220;. Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, relacionándose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.   La Biblia lo dice y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>traducción de Carmina Vasquez para <a href="http://kaire.wikidot.com/" target="_blank">Kaire</a></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Continúa, con el número de febrero de 2011, la colaboración del cardenal Angel Scola, con el &#8220;<a href="http://www.messaggerosantantonio.it/messaggero/home.asp" target="_blank">Mensajero de santo Antonio</a>&#8220;. Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, relacionándose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo.</em></p>
<p style="text-align: justify;"> </p>
<p><a title="Visita pastorale a S. Alvise e S. Girolamo di Angelo Scola, su Flickr" href="http://www.flickr.com/photos/angeloscola/5125316431/"><img class="alignright" src="http://farm5.static.flickr.com/4032/5125316431_7ac769e2da.jpg" alt="Visita pastorale a S. Alvise e S. Girolamo" width="300" height="225" /></a></p>
<p style="text-align: justify;">La Biblia lo dice y es completamente evidente. Sin embargo muchas veces es difícil  admitir que la diferencia sexual es un dato constitutivo, originario del ser humano y no algo adquirido con la evolución de las culturas. </p>
<p style="text-align: justify;">Les propongo un juego: acérquense a la salida de una escuela superior algún instante antes del timbrazo liberatorio  del final de lecciones y, al dispersarse de la masa ruidosa y alegre, distingan los chicos de las chicas, estableciendo de ello el porcentaje. Les puedo conceder también una aproximación, debido a los tiempos reducidos a disposición. ¿Renuncian? En efecto es prácticamente imposible distinguirlos, camuflados como son, con los mismos plumíferos, los mismos vaqueros, los mismos zapatos… Hoy la moda de los jóvenes, (y no sólo), se divierte en ocultar la diferencia sexual. Por no hablar luego de la publicidad en que dominan indescifrables y ambiguos modelos andróginos, que no son ni hombres ni mujeres. O mejor, podrían ser indiferentemente ambos. Sin embargo en la &#8220;realidad real&#8221; no es así: la diferencia sexual es un dato irreprimible y precioso, con innumerables valencias positivas. Tratar de eliminarla no es razonable. </p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;Macho y hembra los creó&#8221;, Gén 1,27, la Biblia dice, desde su primera página: para el hombre de todos los tiempos y todas las latitudes ésta es una evidencia tan lógica que no necesita ser demostrada. Del resto también la ciencia confirma que la diferencia sexual invade todo el ser humano, hasta en la última partícula: el cuerpo del hombre es, en cada una de sus células, masculino como aquel de la mujer es femenino.<span id="more-311"></span></p>
<p style="text-align: justify;">La diferencia sexual es por tanto un dato constitutivo, originario; no algo que se produjo con la evolución de las culturas, algo exterior a la persona y como tal  modificable. &#8220;¿Cómo no? -salta alguien-. ¡Si ya algunas legislaciones han reemplazado, en los documentos del registro civil, las denominaciones padre y madre con padre 1 y padre 2 para no discriminar a los hijos de las parejas de homosexuales!&#8221;. Además, reponer el acento sobre la diferencia entre el hombre y la mujer es peligroso, porque pudiera borrar las fundamentales conquistas del feminismo, reabriendo el camino a odiosas discriminaciones. Atentos por lo tanto a no hacer confusión: decir diferencia no es decir diversidad. Como sugiere la raíz latina de la palabra, diferencia (dif-ferre) significa “llevar el mismo en otro lugar”, mientras diversidad (de-versus) &#8220;vuelto en otro lugar&#8221;, indica siempre una relación con el otro. </p>
<p style="text-align: justify;">Reflexionando, por lo tanto, la diferencia sexual es una propiedad de la persona, está antes de la relación e indica más bien la capacidad de la persona de entrar en relación. Pues no puede engendrar nunca desigualdad y discriminación. Las diversidades en cambio, que implican siempre relación con el otro, pueden convertirse en manantial de desigualdad y discriminación, como se ve bien en el caso de la raza, del censo, etcétera.</p>
<p style="text-align: justify;">La mujer, en nada inferior al hombre ni por dignidad ni por sustancia, es sin embargo un ser completamente irreducible al hombre. Constituye el llamado más potente a salir de sí. Expresa, en un modo completamente singular, la fuerza del otro. ¿Puedo añadir una observación un poco atrevida? El otro por excelencia es Dios. En un cierto sentido entonces la mujer es el marcador de posición de Dios. Me parece que, en cuanto a valorización, no se bromee… ¡ningún complejo de inferioridad! Imitar al hombre, en cambio, desnaturaliza sea a la mujer que, al final, al hombre mismo.</p>
<p style="text-align: justify;">Pero desafortunadamente en una sociedad como las del viejo Occidente en que se va cada vez más debilitando la familiaridad con el Dios Uno y Trino, cuesta comprender el valor de cada diferencia, también  aquella sexual. Los de mi generación lo han aprendido desde pequeños con el catecismo: en Dios, Uno y Trino, vive la máxima diferencia dentro de la absoluta unidad. El hombre y la mujer, creados &#8220;a Su imagen&#8221;, son diferentes y esto nada quita a la identidad y a la dignidad personal del uno y de la otra. Vale la pena trabajar un poco sobre estos temas. </p>
<p style="text-align: justify;"><em>Angelo Scola</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>&#8220;Amor no es amor si… &#8220;, un artículo del Patriarca sobre &#8220;La vida buena&#8221;</title>
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		<pubDate>Tue, 19 Apr 2011 10:09:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<category><![CDATA[amor]]></category>
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		<description><![CDATA[Traducción de Carmína Vasquez para Kaire De la serie de artículos publicados en la revista  &#8220;Il messaggero di sant’Antonio”, relativos a &#8220;La vida buena”, tratada en la homónima libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo  Ha empezado, con el número de Enero de 2011, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con &#8220;Il messaggero di sant’Antonio”. Cada [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Traducción de Carmína Vasquez para </em><a href="http://kaire.wikidot.com/" target="_blank"><em>Kaire</em></a></p>
<p style="text-align: justify;"><em><strong>De la serie de artículos publicados en la revista  </strong><a href="http://www.messaggerosantantonio.it/messaggero/home.asp" target="_blank"><strong>&#8220;Il messaggero di sant’Antonio”</strong></a><strong>, relativos a &#8220;La vida buena”, tratada en la homónima libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo  </strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Ha empezado, con el número de Enero de 2011, la colaboración del cardenal Angelo Scola, con &#8220;Il messaggero di sant’Antonio”. Cada mes se dirigirá a los lectores de la revista hablando de vida buena, relacionándose al homónimo libro-entrevista con el periodista Aldo Cazzullo. </em></p>
<p style="text-align: right;">Angelo Scola</p>
<p style="text-align: right;"> </p>
<p style="text-align: justify;"><a href="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/04/scola2.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-305" title="scola2" src="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/04/scola2-300x200.jpg" alt="" width="300" height="200" /></a>El amor, aquel verdadero, existe: yo lo he encontrado. </p>
<p style="text-align: justify;">Mientras lo escribo ya veo sus caras, las de los más viejos,(de mi generación, para entendernos). Caras perplejas y escandalizadas también: ¿pero cuál amor? Hoy las palabras novio y novia no se usan más; más fácil hablar de compañero o de compañera. ¡El matrimonio es un bien en vía de extinción, reemplazado por las convivencias o, más apresuradamente, por las &#8220;historias&#8221;. De familia todavía se habla, pero me parece ¡un rompecabezas con los trozos intercambiables! </p>
<p style="text-align: justify;">Leo en los periódicos las declaraciones de intelectuales famosos: el amor es un derecho &#8211; dicen &#8211; y como tal tiene que ser garantizado a todos. Concierne la esfera privada e inviolable, del individuo: cada uno lo vive como quiere, con quien quiere, hasta que quiere. Es hora de dar por terminada con una idea de familia ya disuelta, no va más al paso con los tiempos, nuestra legislación se ponga al día: no podemos ser los últimos de Europa. </p>
<p style="text-align: justify;">Escucho hablar a los jóvenes: con tonos arrogantes y el lenguaje desinhibido que no logran esconder la confusión (¿sus puntos de referencia? los hechos de los héroes televisivos o el <em>Gran Hermano</em>). Los ojos a menudo ya desencantados conservan aún, a pesar del cinismo o de la indiferencia de nosotros adultos, un fondo de esperanza, límpida, que no se resigna a morir. Pretenden, aún sin decirlo a lo mejor ni a ellos mismos, que el amor sea una cosa seria, total, para siempre. <span id="more-304"></span></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&#8220;</em><em>Amor no es amor si viene menos cuando el otro</em><em> </em><em>se aleja</em><em>&#8220;. ¿Palabras sospechosas que apestan a velas de una iglesia? En realidad pertenecen a los </em><em>Sonetos </em><em>de Shakespeare, uno de los más grandes conocedores de lo humano de todos los tiempos, uno que ha sondeado  todos los pliegues, aún aquellos más oscuros y escondidos. La fidelidad no es un accesorio opcional del amor, que puede ser o que no puede ser. No es un accidente, dirían los filósofos escolares, sino pertenece a la sustancia del amor. Ni es una señal constitutiva. &#8220;</em><em>Les desafío</em><em> &#8211; a menudo les repito a mis jóvenes &#8211; </em><em>a encontrar aunque sólo a uno entre ustedes que, cuando le dice a la chica de quien está realmente enamorado “te quiero”, no añada, al menos como oculta esperanza, “para siempre</em><em>”&#8221; . Hay una diferencia, que sale claramente en el tiempo, entre quien se detiene a la pura pasión, (ardiente pero fugaz) y emboca decenas de sendas interrumpidas y quien, a lado de la persona querida, incluso entre mil tropiezos y caídas dolorosas, elige el amor efectivo y recorre el camino iniciado con pasión hasta al final.  </em><em></em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Casi cada domingo, durante la visita pastoral que estoy haciendo desde hace más de cinco años en mi diócesis, me encuentro con parejas de novios que celebran cuarenta, cincuenta y también sesenta años de matrimonio: vienen a pedirme una bendición especial que eleve a Dios toda su gratitud… De sus rostros, más jóvenes que nunca a pesar de las arrugas, trasluce una alegría quieta e intensa, el inconfundible perfume del amor cuando es completo y maduro.  </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>Este verano me ha ocurrido ver dos películas de directores de la ex cortina de hierro con el tema de la búsqueda vehemente de los propios padres (</em><em>El concierto)</em><em> y el descubrimiento, completamente imprevisto y sobrecogedor, de la paternidad (</em><em>Kolya</em><em>). El amor del padre y de la madre está inscrito de modo indeleble en el corazón de cada persona de cada tiempo y cada latitud como el sublime ejemplo del amor: desinteresado, desapasionado, gratuito. Algo que se recibe, antes de aprender a donarlo. Que apoya sobre la roca de los hechos a los cuales anclan sentimientos y pasiones. Que acepta virilmente el desafío de la duración. Un amor no subjetivo, sino objetivo, que en cierto sentido nos precede y nos supera.  </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>&#8220;En esto está el amor &#8211; </em><em>ha escrito san Juan, uno</em><em> </em><em>que se entendía de amor</em><em> &#8211; no hemos sido nosotros a amar a Dios, es él que nos ha amado y ha mandado a su Hijo como víctima de expiación por nuestros pecados”.  </em></p>
<p style="text-align: justify;">Ama quien ama primero y ama más allá de la muerte. Pero de esto hablaremos en una de las próximas veces. </p>
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		<title>FAMILIA / &#8220;El rostro del hombre-mujer&#8221;. La Lectio magistralis del Patriarca</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Mar 2011 09:48:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Traducción de Juan Carlos Gómez Echeverry para Kaire FAMILIA – Se reproduce aquí a continuación el texto de la lectio magistralis realizada por el Patriarca sobre el tema &#8220;El rostro del hombre-mujer&#8221; con ocasión de la clausura del Festival Bíblico de Vicenza del 2009.  Sobre el tema &#8220;hombre-mujer&#8221; el cardenal Scola ha dedicado un libro con [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><em>Traducción de Juan Carlos Gómez Echeverry para </em><a href="http://kaire.wikidot.com/" target="_blank"><em>Kaire</em></a></p>
<p style="text-align: justify;"><em>FAMILIA – Se reproduce aquí a continuación el texto de la </em>lectio magistralis<em> realizada por el Patriarca sobre el tema &#8220;El rostro del hombre-mujer&#8221; con ocasión de la clausura del Festival Bíblico de Vicenza del 2009.  </em></p>
<p style="text-align: justify;">Sobre el tema &#8220;hombre-mujer&#8221; el cardenal Scola ha dedicado un libro con el título &#8220;Hombre-mujer: el caso serio del amor&#8221;, Ed. Marietti, que ha ganado el premio Capri San Michele 2004. </p>
<p style="text-align: right;">Angelo Scola</p>
<p style="text-align: justify;"><em><a href="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/03/uomo-donna.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-288" title="uomo-donna" src="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/03/uomo-donna.jpg" alt="" width="232" height="350" /></a>&#8220;Tres cosas son demasiado arduas para mí, más bien cuatro, que no comprendo de ninguna manera: el camino del águila en el cielo, el camino de la serpiente sobre la roca, el camino del navío en alto mar, el camino del hombre en una joven mujer&#8221; (Prov 30, 18-19).  </em></p>
<p style="text-align: justify;">Con imágenes potentes el autor del Libro de los Proverbios expresa la maravilla cargada de ontológico temor del hombre, criatura finita, frente al infinito por el cual también es atraído. La conciencia de la propia estructural desproporción por comprender el sentido de la totalidad de lo real es ciertamente la figura de su pequeñez, pero también de su grandeza. La amplitud del cielo en que el águila vuela indica la posibilidad de una mirada sin confines. La solidez de la roca hace sí que la serpiente pueda atravesarla pero no resquebrajarla: el mal no logra conquistar definitivamente la vida. La profundidad del mar sostiene el viaje del hombre en la vida. Pero aún más enigmática que tal amplitud, solidez y profundidad, es el camino del hombre en una joven mujer. </p>
<p style="text-align: justify;">La icástica belleza de esta última afirmación nos introduce de golpe en el tema de esta tarde. El hombre-mujer es la vía a través de la cual cada uno de nosotros es adentrado en el misterio de la vida. </p>
<p style="text-align: justify;">Muy agudo es el comentario que nos propone Paul Beauchamp, uno de los más importantes exegetas de nuestro tiempo: &#8220;<em>El enigma que sobrepasa a los otros, según los Proverbios, es el camino del hombre en la mujer</em>&#8221; (Prov 30, 18s.), <em>o sea es lo que hace pasar al hombre a través de la imagen de aquella que está en su inicio y que lo hace salir de ella cuando nace, lo que hace del encuentro entre los dos al mismo tiempo un reinicio y algo nuevo</em>&#8221; (<em>L’uno e l’altro testamento</em>, Paideia, Brescia 1985, 144.) </p>
<p style="text-align: justify;">Beauchamp llama la atención sobre un rasgo constitutivo de la experiencia elemental de cada hombre, al cual las Escrituras dan testimonio, desvelando también la razón de ser: en el encuentro entre el hombre y la mujer acontece  un reinicio y algo nuevo. </p>
<p style="text-align: justify;">Lo nuevo es posible porque el encuentro amoroso pone inevitablemente al hombre la pregunta ontológica sobre su propio origen. Podríamos expresarla así: ¿quién soy yo que encontrándote me encuentro a mi mismo? Esta novedad ocurre porque la mujer dice la alteridad últimamente inaprensible por mi, aquella alteridad que me &#8220;desplaza&#8221; (di-ferencia) continuamente, impidiéndome permanecer cerrado en mí mismo. Así la mujer, poniéndose, me impone recomenzar, a través de su rostro amante.</p>
<p style="text-align: justify;">En la sorpresa frente al rostro de la mujer, misteriosa y sin embargo familiar alteridad, le es dado al hombre el propio rostro, es decir la propia irreductible identidad. </p>
<p style="text-align: justify;">El rostro bíblico del hombre-mujer dice al mismo tiempo identidad y alteridad. <span id="more-287"></span></p>
<p style="text-align: justify;">¿Cómo puede ser? Desde las primeras páginas del <em>Génesis</em>, la Escritura responde a este interrogante que emerge de la profundidad de la experiencia de cada hombre y de cada mujer. Y lo hace, ante todo, con una afirmación potente y radical: el hombre/mujer, la diferencia sexual, está conexa con el ser imagen y semejanza de Dios: &#8220;<em>Dijo Dios: ‘Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y mande en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra’. Creó, pues, Dios al ser humano el hombre a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó. Y bendíjolos Dios y díjoles Dios: &#8220;Sed fecundos y multiplicaos</em>&#8221; (Gen 1, 26-28). A. propósito de este paso un dicho del Talmud llega a afirmar: &#8220;<em>Quien no tiene una mujer no es hombre.</em>&#8220; </p>
<p style="text-align: justify;">Insiste luego el extraordinario relato de la creación de la mujer: “<em>Dijo luego Yahveh Dios: ‘No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.’ Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera. Y el hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada. Entonces Yahveh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne. De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre. Entonces éste exclamó: ‘Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada mujer porque del varón ha sido tomada.’ Por eso deja el hombre a su padres y a su madre y se une a su mujer y se hacen una sola carne. Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.” (Gen 2, 18-25)</em></p>
<p style="text-align: justify;">El relato de la creación de la mujer describe bien la irreducible diferencia del hombre macho, incluso en su esencial identidad con la mujer. Eva es sacada del cuerpo de Adán para ser diferente, aunque se tiene en común con él la esencia personal. Dios no consulta previamente al hombre. Plasma a Eva con la costilla de Adán y se la pone de frente como un interlocutor que él no se puede dar, ni puede, ni mucho menos, dominar, como en cambio puede hacer con todos los otros seres vivientes (imponer el nombre en el lenguaje bíblico, significa establecer la propia señoría). Se entiende porqué por el Libro del <em>Génesis</em> a un cierto punto de la vida del hombre deja a los padres y se une a su mujer para formar con ella una carne sola. Porque ella es carne sacada de su carne. </p>
<p style="text-align: justify;">Probemos a representarnos &#8211; muchos artistas lo han hecho &#8211; la mirada de Adán que ve por primera vez a Eva cerca de sí… </p>
<p style="text-align: justify;">Desde el principio la mujer es puesta delante del hombre (y viceversa) como un don. Una presencia inimaginable, completamente irreproducible, sin embargo profundamente correspondiente a sí. </p>
<p style="text-align: justify;">El hombre y la mujer son idénticamente personas, pero sexualmente diferentes. Tal diferencia invade todo el ser humano, hasta en su última partícula: el cuerpo del hombre, en efecto, es en cada una de sus células masculina como en el de la mujer es femenina. </p>
<p style="text-align: justify;">La diferencia sexual desvela que la alteridad es una dimensión interior a la persona misma, que señala la estructural insuficiencia, abriéndola en tal modo &#8220;fuera de sí&#8221;. Y así el otro es para mí tan inaccesible (permanece siempre otro) como necesario. El hombre-mujer representa uno de los lugares originarios en el cual cada uno de nosotros hace la experiencia de la propia dependencia y de la consiguiente capacidad de relación. Como, con incomparable intensidad, recita el <em>Cantar de los Cantares</em>: &#8220;<em>Me robaste el corazón hermana mía, novia, me robaste el corazón con una mirada tuya, con una perla de tu collar</em>” (Cant 4, 9). </p>
<p style="text-align: justify;">El diseño originario de Dios al crearnos siempre y sólo como machos o como hembras (<em>Mulieris dignitatem</em>, 1) quiere educarnos a entender el peso del yo y el peso del otro. La diferencia sexual se revela así como una gran escuela. Se trata de aprender el yo a través del otro y el otro a través del yo. </p>
<p style="text-align: justify;">La necesidad/deseo del otro que, a partir del hombre/mujer, como hombre y como mujer, cada persona experimenta no es por tanto la marca de una minusvalía, de una falta, sino por el contrario, el eco de aquella gran aventura de plenitud que vive en Dios Uno y Trino, porque hemos sido creados a Su imagen. </p>
<p style="text-align: justify;">Y de este modo el camino del hombre en una joven mujer, el camino de la diferencia sexual, del amor para siempre, de la apertura a la vida aparece como vía privilegiada de acceso a Dios, como un camino posible a todos para intuir que al origen de nuestra existencia hay un Misterio bueno que nos llama a Sí. </p>
<p style="text-align: justify;">La Escritura insiste sobre la posibilidad del hombre de remontar desde la contemplación de lo creado a la afirmación del Creador: &#8220;<em>Que si, cautivados por su belleza, los tomaron por dioses, sepan cuánto les aventaja el Señor de éstos, pues fue el Autor mismo de la belleza quien los creó</em>” (Sab 13,3). Sobre el rostro lleno de atractivo de la mujer resplandece el Rostro de Aquel que la ha creado y conducido hacia el hombre. Para cada hombre y para cada mujer la experiencia del amor es camino de acceso al reconocimiento de Dios. Escribe de nuevo Beauchamp: &#8220;<em>He aquí porqué el Cantar de los Cantares o Canto de los Cantos, es un poema sapiencial. Se ofende al amor de los dos novios que allí dialogan si se cree que, para dar a este poema un sentido espiritual, hace falta encontrarle otro tema. Por el contrario, es demasiado mezquino incluso tonto pretender que el Cantar signifique algo distinto. ¿Que lo dejaría enigmático si la mente no fuese solicitada por el hecho que el hombre le reclama la felicidad, la novedad del origen, encontrada sobre las huellas de su inicio&#8230;? Por tal razón, la experiencia de la Sabiduría está ligada a aquella de la diferencia de los sexos. Allá donde el hombre reencuentra como su propio manantial y del cual brota otro hombre, allá es el lugar de la elección de la Sabiduría”</em> (Beauchamp, op. cit., 144-145). </p>
<p style="text-align: justify;">Justo por su necesaria pero enigmática profundidad, la experiencia del amor no está exenta de la más grande tentación que amenaza al hombre: aquella de la idolatría. La imposición de Dios a su pueblo en el desierto &#8211; &#8220;<em>No habrá para ti otros dioses delante de mí. No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra.” (</em>Ex 20, 3-4) &#8211; está dirigida a cada hombre y a cada mujer para que no se detenga frente al rostro del amado/a, sino que frente a él dé gloria a Aquel que le ha donado un/a compañero/a de camino. Somos todos muy conscientes de qué sucede cuando en la experiencia del amor se confunde al otro con Dios. Esto es, cuando se espera -se pretende incluso- del otro todo, es decir el cumplimiento de la propia vida. Desilusión y escepticismo hasta la violencia toman el sitio antes ocupado por el estupor y la gratitud. Con potente lucidez lo describe el Libro del Eclesiástico: &#8220;<em>Las esperanzas vanas y engañosas son para el imbécil, los sueños dan alas a los insensatos. Tratar de asir una sombra o perseguir el viento es buscar apoyo en los sueños. Espejo y sueño son cosas semejantes, frente a un rostro, una imagen de rostro</em>” (Si 34, 1-3).</p>
<p style="text-align: justify;">Negada la naturaleza de signo del rostro de la amada, la consistencia de tal rostro se esfuma y no queda más que su pálida imagen. Pero una imagen no basta para satisfacer nuestra sed profunda. El deseo se apaga en la melancolía o fácilmente se disuelve sobre la superficie de un espejo que no nos envía a otro diferente que nuestro rostro. Tenemos necesidad de una presencia que nos enseñe a amar, a aprender el camino del otro/otra como camino concreto y posible hacia el Otro a cuya imagen y semejanza hemos sido creados. Pero a esta necesidad no podemos responder con nuestras fuerzas. El mismo Dios ha querido mostrarnos el camino, o mejor ha enviado a Su Hijo entre nosotros como Camino a la verdad y a la vida. </p>
<p style="text-align: justify;">Numerosas son las ocasiones en las cuales los Evangelios nos presentan a Jesucristo, el nuevo Adán, que encuentra y se implica con mujeres de diferente edad y condición social, desvelándonos en tal modo el rostro pleno del hombre/mujer. Y siempre la mirada que Él &#8211; en neta antítesis con las costumbres de su tiempo &#8211; entrega a la figura femenina es una mirada integral que afirma la absoluta dignidad y la singular vocación. En la mayoría de los casos esto suscita estupor, sorpresa al límite del escándalo. Y no sólo entre los fariseos (cfr Lc 7, 37-47), sino también entre sus discípulos: “<em>se sorprendían de que hablara con una mujer</em>&#8221; (Jn 4, 27). </p>
<p style="text-align: justify;">En el apremiante y decisivo diálogo que Jesús sostiene con ella (cfr Jn 4, 5-30) la Samaritana es un interlocutor real de los más profundos misterios de Dios, incluidas aquellas cuestiones acerca del culto, del cual la mujer, en el antiguo Testamento, no está habilitada. </p>
<p style="text-align: justify;">El don de sí, factor constitutivo del misterio nupcial, connota los tan decisivos encuentros de Jesús con las figuras femeninas, desde aquel con la pecadora, que no dejaba de bañar los pies de Jesús con sus lágrimas “<em>y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume</em>&#8221; (Lc 7, 38) y por esto Jesús dice “<em>Le son perdonados sus pecados porque ha mostrado mucho amor</em>&#8221; (Lc 7, 47); a aquel con la adúltera a la cual el Señor dona el perdón que responsabiliza: “<em>Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más</em>”, (Jn 8, 11); a aquel con la viuda de Naín con la cual se reserva una inolvidable expresión de cariñosa piedad: &#8220;<em>Mujer, ¡no llores</em>!” (Lc 7, 13); a aquel con la Cananea por cuya fe tiene palabras de gran aprecio (Mt 15 21-28). </p>
<p style="text-align: justify;">&#8220;[El hombre y la mujer] – escribe Juan Pablo II en la <em>Mulieris</em><em> dignitatem</em> – “<em>Ellos fueron confiados recíprocamente el uno al otro como personas, creadas a imagen y semejanza de Dios mismo. En esta entrega se encuentra la medida del amor”</em> (MD, 14). De tal entrega, de tal compañía amorosa en la suprema prueba de la muerte, nos da, una vez más, espléndido testimonio un memorable pasaje del Evangelio de Juan: &#8220;<em>Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: ‘Mujer, ahí tienes a tu hijo’. Luego dice al discípulo, ‘Ahí tienes a tu madre’ ” (</em>Jn 19, 26-27). </p>
<p style="text-align: justify;">Por esto la Carta a los Efesios desvela el rostro bíblico del hombre-mujer insertando el matrimonio en el &#8220;lugar&#8221; elegido para la experiencia cumplida del <em>bello amor</em>: la relación nupcial entre Cristo y la Iglesia: &#8220;¡<em>Gran misterio es este, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia</em>! <em>En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido</em>&#8221; (Ef 5, 32). </p>
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		<title>&#8220;Dios se ha hecho familiar. La enseñanza de Karol Wojtyla-Juan Pablo II y el hombre posmoderno&#8221;. La lectio magistralis del Patriarca a Lublino</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Feb 2011 11:40:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>ufficiostampa</dc:creator>
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		<description><![CDATA[UNIVERSIDAD CATÓLICA DE LUBLINO – El jueves 9 de diciembre de 2010 al Cardenal Angelo Scola, Patriarca de Venecia, ha sido otorgado el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Católica &#8220;Juan Pablo II&#8221; de Lublino. La ceremonia, tenida en el aula Stefan Wyszyński de la misma Universidad, ha sido abierta por el saludo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;"><a href="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/02/karol_wojtyla_001.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-278" title="karol_wojtyla_001" src="http://espanol.angeloscola.it/files/2011/02/karol_wojtyla_001.jpg" alt="" width="202" height="289" /></a>UNIVERSIDAD CATÓLICA DE LUBLINO – El jueves 9 de diciembre de 2010 al Cardenal Angelo Scola, Patriarca de Venecia, ha sido otorgado el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Católica &#8220;Juan Pablo II&#8221; de Lublino. La ceremonia, tenida en el aula Stefan Wyszyński de la misma Universidad, ha sido abierta por el saludo del rector Rev. Prof. Stanisalw Wilk, donde han seguido la lectura de la deliberación del Senado y la <em>laudatio</em> del arzobispo de Lublino, Mons. Prof. Józef Zyciński. Para concluir, la <em>lectio magistralis</em> del Patriarca, Cardenal Angelo Scola, sobre el tema: <em><strong>“Dios se ha hecho familiar. La enseñanza de Karol Wojtyla-Juan Pablo II y el hombre posmoderno”. </strong></em></p>
<p style="text-align: justify;">Aquí en seguida el texto de la<em> lectio magistralis</em> pronunciada por el Patriarca (<em>traducción por <a href="http://kaire.wikidot.com/" target="_blank">Kaire</a>)</em>: </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>1. La &#8220;pretensión&#8221; del mundo contemporáneo  </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Testigo de la época trágica de las grandes ideologías, de los regímenes totalitarios y de su caída, Juan Pablo II ha tenido una profunda conciencia de la transición de la modernidad a la que se ha ya convenido de llamar  la post-modernidad. Él ha captado con anticipación el ingreso de la humanidad en una fase de fuerte trabajo marcada por nuevas tensiones y contradicciones. </p>
<p style="text-align: justify;"><em>a) La fe: ¿una opción entre las otras?  </em></p>
<p style="text-align: justify;">La primera de estas tensiones se coloca justo en la actual fase de la parábola del proceso de secularización. Si la síntesis  de la modernidad ha tenido su vértice expresivo en algunos teóricos de un ateísmo radical y militante, la post-modernidad parece en cambio caracterizada por una actitud aguerrida, pero quizás mucho más provocadora respecto a la religión. </p>
<p style="text-align: justify;">Como Taylor afirma, «<em>hemos pasado de una sociedad en la que era “virtualmente imposible” no creer en Dios, a una en que también para el creyente más devoto ésta es sólo una posibilidad humana entre las otras»</em>[1]. Eso no implica una desaparición de lo religioso. Más bien, justo en la actual fase de secularización avanzada, asistimos a un “retorno de lo sagrado”, que, incluso abriendo nuevas perspectivas, «no está libre de ambigüedad»[2], como el mismo Juan Pablo II reconocía. La tendencia actual certifica de hecho un desencanto universal permanente en que la fe cristiana, considerada por muchos como una pura convicción subjetiva y no racionalmente documentable, sería legitimada al máximo para sobrevivir <em>junto</em> a las otras expresiones religiosas, en nombre de un derecho universal a la diferencia. A través de una aplicación incorrecta del principio de igualdad se llega en efecto a afirmar que las religiones son “<em>todas diferentes y todas iguales”.  </em></p>
<p style="text-align: justify;"><em>b) El hombre contemporáneo: ¿sólo su propio experimento?  </em></p>
<p style="text-align: justify;">La objetividad que la cultura actual niega a la fe, y llegamos así a una segunda &#8220;pretensión&#8221; del mundo contemporáneo, acaba por ser reconocida por la ciencia experimental, a la cual sola correspondería, si no una definición, sin duda una descripción completa del hombre. Se difunde cada vez más, en efecto, sobre todo  en fuerza de  los sorprendentes descubrimientos en el campo de la biología, de la bio-química y de las neurociencias, un argot de tipo cientifista que tiende a reconducir todas las expresiones y las facultades de lo humano a meras actividades cerebrales. Éstas en perspectiva podrían, se afirma, volverse  incluso artificiales. En este sentido ya no sería posible, <strong> </strong>rigurosamente, hablar de un sujeto personal, dotado de una dignidad intrínseca, portador de derechos y deberes, sino el hombre no sería otro que «<em>su propio experimento»</em>[3]. </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>2. Cristo centro del cosmos y de la historia: ¿figura completa del hombre posmoderno?  <span id="more-276"></span></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Las problemáticas, demasiado sintéticamente citadas, imponen a la fe cristiana un cambio crucial. Viéndolo bien, aquella que al final de la época moderna, que discutía de muerte de Dios y del sujeto, era la pregunta corriente: “¿<em>Existe Dios</em>?” asume, en la post-modernidad, otra formulación, quizás más apremiante: “¿<em>Cómo nombrar a Dios hoy [4], cómo hablar de Él comunicándolo como Dios vivo al hombre real</em>?” </p>
<p style="text-align: justify;">En la óptica cristiana Dios es<em>  El que viene al mundo </em>y por tanto se distingue de ello sin que esto excluya la posibilidad de ponerlo como familiar. Para hablar de Dios «<em>se tiene que arriesgar la hipótesis de que sea el mismo Dios a habilitar al hombre a volverse familiar. La fe cristiana también vive de la experiencia de Dios que se ha hecho conocer y se ha hecho familiar» </em>[5]. Es necesario establecer primero la familiaridad con Dios para que Dios sea conocido. Entonces «<em>Dios se convierte en un descubrimiento, que enseña a ver todo con ojos nuevos» </em>[6]. </p>
<p style="text-align: justify;">La reflexión de Karol Woityla, a la luz del magisterio sobre todo trinitario de Juan Pablo II, ofrece una respuesta persuasiva a esta interrogante, enseñando así la fuerza profética de su pensamiento y, por lo tanto, su actualidad. </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>A. Llaves metodológicas  </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Para encontrar a Dios el hombre posmoderno tendrá que buscarlo en las vías a lo largo de las cuales Dios se testifica al <em>enigma-hombre</em>  (el hombre es un ser que existe, pero no tiene en sí   mismo el principio de la propia existencia), continuando a hacerse familiar a nosotros.  </p>
<p style="text-align: justify;">La reflexión y la enseñanza de Karol Wojtyla-Juan Pablo II indican al menos tres de ellas. </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>1) La común experiencia humana   </em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">La primera vía es la misma <em>experiencia común</em> del hombre. También teniendo en cuenta todas las objeciones que manan de la complejidad de la vida propia del hombre post-moderno, se tiene que concluir con Karol Wojtyla: «<em>Sin embargo existe algo que puede ser llamado experiencia común del hombre»</em>, de cada hombre. Ella testifica ante todo la totalidad (lo real es inteligible y el hombre puede hospedarlo) y la elementalidad, (cada hombre conviene con todos los otros en vivir afectos, trabajo y reposo), es  decir su indestructible sencillez. Wojtyla aún señala: «<em>Esta experiencia en su sustancial sencillez supera cualquier inconmensurabilidad y cualquier complejidad»</em> [7]. </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>2) La persona en relación. El hombre-mujer  </em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">La segunda vía pasa por la estructura originaria del hombre en sus tres polaridades constitutivas que localizan la <em>unidad dual del yo</em>. Es el dato antropológico esencial que ve al hombre <em>uno en la dualidad de alma-cuerpo, de hombre-mujer y de individuo-sociedad</em>. Quiero recordar en particular la centralidad, en la investigación y en el magisterio de Karol Wojtyla-Juan Pablo II, del tema del hombre-mujer y del misterio nupcial [8]. El hombre, nos ha enseñado el Papa sobre la base de cuanto contenido en los relatos del Génesis de la creación, no puede existir solo, sino «<em>solamente como unidad de los dos, y por tanto en relación a otra persona humana </em>[9]. Él está abierto constitutivamente al otro. El ser humano en efecto no es sólo individuo (identidad), sino también persona (relación/diferencia) capaz de autotrascenderse. Este elemento antropológico originario recibe una adecuada explicación a la luz de la Revelación. De un lado, se pone, en efecto, en analogía con el encuentro, en clave nupcial, entre Dios y la humanidad y del otro, como Juan Pablo II ha intuido genialmente, lleva la huella de la comunión trinitaria[10]. </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>3) El dolor salvador  </em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">La tercera vía que sustenta el insuprimible deseo humano de Dios en el descubrimiento de Su ser para nosotros familiar es la pregunta acerca de la fragilidad y, sobre todo, acerca del mal, el dolor y el sufrimiento. En muchos pronunciamientos, y sobre todo en la <em>Carta apostólica Salvifici doloris</em>, Juan Pablo Paolo II ha mostrado que la experiencia humana de la fragilidad, del sufrimiento y del mal no puede ser separada de la pregunta de salvación y redención. La respuesta a esta pregunta puede ser al menos entrevista en la actitud humana del don total de sí mismo, es decir del ofrecerse: «<em>el dolor se derrite en un amor agradecido» </em>[11], escribía en los años de reclusión el Cardenal Wyszyńsky. Si la vida nos es dada, entonces ella se puede cumplir sólo en el don. La contraprueba está en el hecho de que si no la donas, la vida te es robada por el tiempo. </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>B. Cristo, nuestro contemporáneo  </strong></p>
<p style="text-align: justify;">Se puede mostrar, aunque ésta no es la sede oportuna[12], que las tres claves metodológicas sugeridas proveen a Karol Wojtyla-Juan Pablo II una base filosófica suficientemente sólida para reaccionar a las objeciones que el pensamiento contemporáneo ha dirigido a la metafísica y a la ontología.  Hacen de él un pensador al paso de los filósofos contemporáneos. </p>
<p style="text-align: justify;">Así es posible mostrar, de modo fundado, como la propuesta de Dios formulada por Juan Pablo II, sobre todo en las tres encíclicas trinitarias, contesta al deseo de Dios, insuprimible aún cuando viene enterrado bajo los escombros del actual clima nihilístico, del hombre postmoderno. </p>
<p style="text-align: justify;">La vía maestra elegida por el papa polaco es aquella de la contemporaneidad de Jesucristo.  </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>a) Redemptor hominis  </em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Desde el principio de su pontificado, Juan Pablo II ha formulado con fuerza una decisiva lectura del Concilio Vaticano II basada en la icástica<strong> </strong>afirmación: «<em>Redentor del hombre, Cristo es el centro del cosmos y de la historia» </em>[13]. Con la encíclica <em>Redemptor hominis</em> él propone programáticamente la prospectiva cristocéntrica para permitir una comprensión exacta del núcleo constitutivo de la experiencia cristiana, entendida como plenitud <em>de la experiencia común, integral y elemental del hombre</em>. </p>
<p style="text-align: justify;">La afirmación inicial es profundizada ulteriormente por los párrafos 6-9, que sostienen no sólo la primacía de Cristo redentor sino la primacía de Cristo <em>tout court</em>. Cristo es el <em>Jefe</em> a través del cual existen todas las cosas. En Él, el hombre es pensado querido y creado y no sólo rescatado. &#8220;<em>En Él &#8211; </em>continúa la encíclica<em> &#8211; se ha revelado de modo nuevo y más admirable la fundamental verdad de la creación» </em>[14]. El Papa retoma a este punto el paso de <em>Gaudium et Spes</em> 22 que ha inspirado toda su vida de hombre y de sacerdote: «<em>En realidad sólo en el misterio del Verbo encarnado encuentra verdadera luz el misterio del hombre»</em> para continuar afirmando, con genial síntesis, que «<em>la redención del mundo […] es, en su raíz más profunda, la plenitud de la justicia en un Corazón humano: en el Corazón del Hijo primogénito, para que ella pueda convertirse en justicia en los corazones de muchos hombres, los cuales justo en el Hijo primogénito han sido, desde la eternidad, predestinados a ser hijos de Dios [</em>he aquí la afirmación decisiva<em>] y llamados a la gracia, llamados al amor»</em>[15]. Los pasos culminan en la afirmación principal: «<em>Esta revelación del amor también viene definida misericordia, y tal revelación del amor y de la misericordia tiene en la historia del hombre una forma y un nombre: se llama Jesucristo» </em>[16]. Juan Pablo II nos conduce de este modo en el paso de Jesús al Padre, por la  vía que Cristo mismo nos ha enseñado para revelarnos la Trinidad: de Jesús al Padre en el Espíritu.   </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>b. Dives in misericordia  </em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">Este tema es indagado ulteriormente en la segunda encíclica del tríptico trinitario: <em>Dives in Misericordia</em>, que, profundizando el cristocentrismo, destruye la falsa contraposición entre teocentrismo y antropocentrismo propuesta por «<em>varias corrientes del pensamiento humano»</em>[17]. Eso es posible porque Jesús, la misericordia encarnada, revelando a Dios en el impenetrable misterio de Su ser, muestra también claramente  el amor por el hombre. Es en el horizonte del Logos-amor, como aún hoy no cesa de afirmar  Benedicto XVI, que el deseo de Dios encuentra una adecuada respuesta. En este Dios en efecto, la razón, entendida según toda su amplitud, la fe y la verdadera religión, descubren su nexo profundo y fecundo [18]. El manifestarse de la misericordia del Padre en Cristo explica el sentido exacto del misterio de la creación,   consintiendo también de resaltar el misterio de la elección de cada hombre [19] en Jesucristo.  </p>
<p style="text-align: justify;"><strong><em>c. Dominum et vivificantem   </em></strong></p>
<p style="text-align: justify;">El recorrido que por el evento Jesucristo conduce a la vida íntima de la Trinidad se completa en la tercera encíclica trinitaria de Juan Pablo II, la <em>Dominum et vivificantem</em>, en la que es descrito el diálogo vital que el Espíritu permite entre la Trinidad y el hombre. Esta encíclica muestra el alcance extremo de la <em>pretensión</em> de Jesucristo, descrito como imagen perfecta del Padre y por lo tanto como la figura (<em>forma Gestalt, silhouette</em>) del hombre, porque éste, a su vez, es creado a <em>imagen</em> de Dios. Por la gracia del Espíritu, el hombre descubre «<em>en sí mismo la pertenencia a Cristo</em>» [20] y por esta pertenencia comprende mejor el sentido de su dignidad.  </p>
<p style="text-align: justify;"><strong>3. Interés por Cristo, interés por el hombre  </strong></p>
<p style="text-align: justify;">¿De qué manera entonces la centralidad histórica y cósmica de Cristo <em>alfa y omega</em>[21] puede aún encontrar el interés del hombre actual? ¿Qué ofrece Cristo a su razón híper-exigente y a su libertad a menudo insatisfecha? Le ofrece una respuesta exhaustiva al enigma del cual es constituido sin anular la libertad desde el momento en que  Cristo no <em>pre-decide</em> el drama del individuo. Según la reflexión teológica sobre la singularidad de Jesucristo, hoy propuesta con buenos argumentos por la teología, el Hijo de Dios encarnado, revelándose en un tiempo no sólo como redentor universal sino también como jefe de la creación, se certifica como el Evento que explica el hombre al hombre. En tal Evento la libertad infinita del <em>Deus Trinitas </em>se inclina, por el Logos-amor, en la libertad completa del hombre, liberándola. La Cristología no subroga a la antropología y esta última puede dar a la primera todo su espacio indispensable. </p>
<p style="text-align: justify;">La afirmación de Cristo, nuestro contemporáneo como prueba de la posibilidad de nombrar hoy a Dios, presupone una lectura de su Persona en cuanto <em>Persona salvadora</em>, como emerge del tríptico trinitario de Juan Pablo II. Una lectura semejante permite informar del <em>interés</em> por su llegada al mundo. En la persona histórica de Jesucristo se encuentran realmente unidas y proyectadas, en la escatología del <em>mundo nuevo/cielos nuevos</em>, todas las dimensiones antropológicas. </p>
<p style="text-align: justify;">Emerge así también el interés por el <em>hombre nuevo</em> sin el cual el interés por Cristo es nominal y, al mismo tiempo, se evidencia el interés por Cristo sin el cual el interés por el hombre queda finalmente vacío. </p>
<p style="text-align: justify;">La cuestión del <em>interés por</em>, que retoma el tema de la <em>con-veniencia</em> de Santo Tomás, es pedagógicamente muy actual y por lo tanto decisiva para la nueva evangelización. A mi juicio, sin embargo, ella es cada vez menos propuesta, por lo que se arriesga de no ver ni la preciosidad ni el empeño que requiere a la fe. El testimonio, la reflexión y el magisterio de Karol Wojtyla-Juan Pablo II no cesan pero de recordarnos que de este <em>interés por</em> <em>su persona</em> necesita sobre todo el hombre posmoderno. </p>
<address style="text-align: justify;"><em>Notas:  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[1] C. Taylor,<em> L’età secolare </em>(La edad secular), Feltrinelli, Milán 2009, 14. Sobre el significado de la religión en la época moderna según el filósofo y sociólogo canadiense se vea también su C. Taylor, <em>La modernità della </em>religione (La modernidad de la religión), por P. Costa, Meltemi, Roma 2004. Por una presentación de su posición ver G. Brena,<em> La modernità della Religione </em>(La modernidad de la Religión), en La Civiltà Cattolica, 2004, III, 381-393 y A. Russo,<em> Abitare il pluriverso</em><em>. L’ultima sfida alle religioni</em><em>  </em>(Habitar el pluriverso El último desafío a las religiones), en <em>Rassegna di Teologia</em> (Reseña de Teología) 45 (2004) 833-854<em>.  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[2] Juan Pablo II,<em> Redemptoris missio,</em> 38. <em> </em></address>
<address style="text-align: justify;">[3] M. Jongen,<em> Der Mensch ist sein eigenes Experiment, «Feuilleton Die Zeit», </em>9 de agosto de 2001, 31. </address>
<address style="text-align: justify;">[4] P. Sequeri,<em> Una svolta affettiva per la metafisica (Un cambio afectivo para la metafísica</em>), en P. Sequeri-S. Ubbiali ed., op. cit., 85-116; B. Schellenberger, <em>Von Unsagbaren reden: wie lässt sich heute Gott zu Sprache bringen?, </em>Geist und Leben 79 (2006) 81-88; A. Kreiner,<em> Das wahre Antlitz Gottes &#8211; Oder was wir meinen, wenn wir Gott sagen, </em>Herder Freiburg-Basel-Wien, 2006.<em>  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[5] E. Jüngel,<em> Verdad metafórica, </em>en P. Ricoeur- E. Jüngel, <em>Dire Dio. Per un’ermeneutica del linguaggio religioso  </em>(Decir Dios. Por una hermenéutica del lenguaje religioso), por G. Grampa, Queriniana, Brescia 1978, 169.<em>  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[6]<em> Ibid.</em></address>
<address style="text-align: justify;">[7] K. Wojtyla,<em> Persona e </em>atto (Persona y acto), por G. Real y T. Styczeń, Rusconi, San Arcangel de Romaña 1999, 45. Cfr. A. Scola,<em> </em><em>L’esperienza elementare. La vena profonda del magistero di Giovanni Paolo II </em>(La experiencia elemental. La vena profunda del magisterio de Juan Pablo II), Marietti 1820, Génova-Milán 2003. </address>
<address style="text-align: justify;">[8] Cfr. A. Scola,<em> Il mistero nuziale 1. Uomo-donna </em>(El misterio nupcial 1. Hombre-mujer), Lateran University Press, Roma 2005. </address>
<address style="text-align: justify;">[9] Juan Pablo II,<em> Mulieris dignitatem</em> 7. <em> </em></address>
<address style="text-align: justify;">[10]<em> Ibíd.</em></address>
<address style="text-align: justify;">[11] S. Wyszyński,<em> </em><em>Appunti dalla prigione</em><em> </em>(Notas de la prisión), 18 de enero de 1954, CSEO biblioteca, Bolonia 1983, 59. </address>
<address style="text-align: justify;">[12] A. Scola,<em> La experiencia elemental…, </em>cit., 21-59.<em>  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[13] Juan Pablo II,<em> Redemptor hominis</em> 1.<em>  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[14]<em> Ibid. </em>8<em></em></address>
<address style="text-align: justify;">[15]<em> Ibid. </em>9<em></em></address>
<address style="text-align: justify;">[16]<em> Ibid.</em></address>
<address style="text-align: justify;">[17] Juan Pablo II,<em> Dives en Misericordia </em>1.<em>  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[18] Cfr. Benedicto XVI,<em> Discurso al Convenio de la Iglesia italiana, </em>19 de octubre de 2006.<em>  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[19] Cfr. Juan Pablo II,<em> Dives en misericordia </em>4.<em>  </em></address>
<address style="text-align: justify;">[20]<em> Ibid.</em></address>
<address style="text-align: justify;">[21] Cfr. H.U Von Balthasar,<em> Uno sguardo d’insieme al mio pensiero </em>(Una mirada de unión a mi pensamiento), «Communio. Revista internacional de Teología y Cultura» 105 (1989), 39-44.<em>  </em></address>
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